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Hacer un juicio definitivo casi siempre es injusto.

Hoy, por ejemplo, le comentaba a una amiga que algo que echo de menos de forma casi ansiosa en Zaragoza es la falta de comunicación de las cosas interesantes que se hacen. Más bien, la intuición fuerte de que están ocurriendo explosiones productivas y creativas que me/nos estamos perdiendo porque el foco de lo que determina la actualidad está colocado de forma errónea.

Pero no. Hoy me he/han dado un repaso con la galería del programa Clic! de Aragón Televisión. Comunicación existe. O al menos se intenta. Y si accedes, pues ves que algo se hace. O puedes ver algo de lo que se hace, mejor dicho.

De lo que a mí me gusta, sin duda destacaría este reportaje sobre la andadura de Picore, un grupo zaragozano de post-todo a medios tiempos al que he visto muy poco si lo comparo con las veces que he visto a otros grupos traidos por ellos. A las dos bandas que citan, Charlottefield y Sabot, las he conocido gracias a ellos -claro- y, casualmente, en ambos conciertos me compré sendos discos, lo que es un buen indicador.

Lo fundamental -debatimos estos días a propósito de un asunto que explica de forma muy sugerente Marina Garcés en su texto “Abrir los posibles”- no es encontrar la representación artística definitiva que sea capaz de conmovernos o transportarnos a una experiencia estética extraordinaria. O que, en un plano más empresarial, nos permita dar con algo que pueda responder a las exigencias de lo que la rentabilidad capitalista espera.

Muy al contrario, lo característico de la cultura debería entenderse -parece ser- como la implicación que tienen los significados de las obras en la vida social y cómo esto nos atraviesa corporalmente más allá de las categorías de autor/creador/productor/consumidor/usuario/ciudadano. Cómo nos atraviesa -en definitiva- en cuanto a sujeto/s autónomo/s, deseante/s y actante/s que somos.

¿Cómo enfrentarse como espectador a las ficciones? ¿Y como persona? El estilo de vida que quieres llevar. La forma de ser que detestas. Tus deseos de mejora. El sentimiento que experimentas al recibir un regalo o al ver reirse a los demás después de tropezar con algún elemento del mobiliario urbano. Hasta la melancolía que te invade cuando llueve. Todo está representado. Todo está capturado. Condensado. Envuelto. Envasado. Emitido. Contaminado. Triturado. Masticado. Sorbeteado. Digerido. Devuelto o cagado. En todo caso, todo está contado.

http://www.zonanegativa.com/?p=5207/ TRANSMETROPOLITAN.

http://www.elmundotoday.com/ FRIKIPERIODISMO.

¿Dónde nos vamos a ir ahora la gente que nos refugiábamos en la Red? Ya está aquí todo el mundo: en el Facebook, en los blogs y en la mensajería instantánea. ¿Dónde voy a poner el grito en el cielo/desquitarme de malas sensaciones sin que se entere todo el mundo?

He vuelto a escribir en mi libreta, como hace diez años. Imagino que no seré la única.

Así que eso de que todo está en la Red, ni de coña.

Además, por si no lo habíais pensado, un día no muy lejano no podremos sostener la producción tan ingente de tecnología e Internet se irá a la mierda. A ver cómo hacemos entonces para todo lo demás. A reaprender. Y cuando antes, mejor.

Han cerrado Geocities. No lo puedo creer. O sí. Me suena que algo había oído. Sólo que hasta ahora no me había importado. Mierda! Se ha borrado una página web que hice cuando estuve en Italia. Era muy sencilla, todo en html. Pero como tuve tiempo para hacerla llegó a tener su gracia. Y ya no está. Murió T_T

Podían haberme avisado al correo aunque sea.

8.000 correos recibidos en Hotmail en los últimos 5 años.

Eso hace una media de 1.600 al año, de 133 al mes y de cuatro al día.

Sin contar con los de Gmail, abierto allá por 2006.

Sin contar con el spam y con algunos que ya he borrado.

Nos contábamos la vida en los emails.

Nos enviábamos las fotos de las fiestas de cumpleaños.

No dábamos ánimos ante vicisitudes.

Hoy tenemos las redes sociales que permiten hacer eso y mucho más, pero muchxs de mis amigxs, con buen criterio, las rechazan. Yo soy una enferma del Facebook, lo reconozco. Lo lamento, pero no hay vuelta atrás.

La primera vez que trabajé en un medio todavía no había terminado la carrera. Tuve que pedir unos días para preparar los exámenes de septiembre y, a la vuelta, me encontré con la desagradable situación de que habían despedido a una de las compañeras más brillantes de la redacción. Fue mi primer encontronazo con una realidad, la laboral, que arrasaba con lo que fuese. Y eso que todavía no había ni un conato de crisis. Luego esta mujer se reubicó en otro sitio y nada pasó.

Ahora la situación es algo diferente. Cierran medios enteros. Otros sufren EREs de grandes dimensiones. El pesimismo se palpa en el ambiente. ¿Dónde se van a meter tantos periodistas?

Llama la atención que medios innovadores, como lo era Soitu, cierren en medio del barlovento. Se supone que ellos son los que deberían crecer, o al menos mantenerse. Y el resto, los del modelo viejo, tendrían que caer, descomponerse, diluirse. Esa es la teoría. Aunque era un secreto a voces lo del cierre -quien más quien menos conocía directa o indirectamente a alguien que trabajaba en este micromedio web-, a muchos ha pillado por sorpresa. Reconozco que utilizaba su web para leer algún artículo curioso y poco más. Pero, ahora, con el cierre definitivo, mi curiosidad por este microsite ha aumentado. He descubierto la herramienta Utoi.es, una red social de periodismo para compartir noticias y generar debate. Todavía no he podido ver cómo funciona en profundidad (de hecho, no sé aún si funciona o si también ha caído con el portal general), porque la tecnología que me circunda es mediocre (ordenadores malos en el curro y deficiente conexión a internet en casa).

Soy optimista, igual que lo son en Soitu. Este proyecto cierra, pero las personas que daban las horas de su vida por él siguen vivas y seguro que ya están pensando en nuevos proyectos, hilando nuevas relaciones, fundando nuevas esperanzas. Apostaron por mucha gente joven, apenas salida de la facultad. Gente de aquella que los conferenciantes pedantes llaman “los primeros nativos digitales”. Algo que al resto de medios, parece, no se les pasa aún por la cabeza hacer.

Digo que soy optimista, aún así, porque esto es cuestión de tiempo. Lo hablaba con mis compañeros becarios el otro día. Sólo hay que esperar al relevo generacional. Esperar a que la gente que tiene chips y no tornillos, que piensa en bits y no en gramos, esté produciendo y tomando decisiones. Soitu han sido los pioneros y, por eso, mucha gente los recordaremos por muchos años. Su rastro ya es imborrable.

La generación fordista se las ve y se las desea para entender cómo se pueden rentabilizar los contenidos periodísticos en la Red. Y así morirán, tratando de entender Matrix. Pero ese no es nuestro problema. Nuestra generación sabe lo que quiere. Sólo necesita el tiempo y el dinero para sacar adelante las ideas.

Me preguntaban ayer: ”¿Tú por qué contenido pagarías en internet?” Y en seguida supe qué responder. Por ejemplo, pagaría (un precio razonable, clar0, y siempre y cuando tuviera dinero para ello) por una cobertura multimedia de calidad de algún evento. Pongamos por ejemplo un festival de cine que vendiera en paquete una serie de coberturas. Por un lado, un twitteo de lo que va pasando cada hora y una crónica actualizada cada cinco o seis horas. Por otro, entrevistas en audio realizadas a los artistas participantes y la grabación y edición (no hablo de los vídeos cutres que se encuentran en sitios como Youtube, Vimeo o Blip, sino de piezas con su realización y tal) de las conferencias, de las recepciones… En fin, algo más imaginativo, algo mínimamente interesante.

Esto llegará, no me cabe ninguna duda. Porque hay tecnología suficiente. Porque hay periodistas suficientes. Porque hay públicos suficientes. Lo que faltan son inversiones. Apuestas por una forma diferente de hacer. La solución no es que el periodista se convierta en una suerte de artista polivalente, sino que el trabajo se organice en equipos multimedia, en grupos de varias personas, cada una especializada en una tarea (redactar, editar, hacer streaming, etc.).

Péro aún habrá que esperar, como decía, a que los pleistocenos se vayan jubilando. El futuro es nuestro, compañerxs.

En la era de Facebook y Youtube, yo voy y recibo el documental de “moda” de la red por e-mail. Para haberse perdido entre la multitud de cadenas de mensajes absurdos de los correos electrónicos.

Bueno, al grano. Hablo de Operación Pandemia, del (archi)des-conocido Julián Alterini.

A este blogger le pasó algo parecido antes que a mí:

http://cine.universiablogs.net/2009/08/20/operacion-pandemia-un-documental-para-reflexionar/#more-151

Parece que viene de Latinoamérica:

http://salganalsol.fmrockandpop.com/2009/08/11/¿quien-es-julian-alterini-operacion-pandemia/

Lo flipo bastante con la de periodistas aragoneses que hay que hablan habitualmente en catalán y que no ven entre sus motivaciones la de la defensa de su lengua. ¿No les da rabia no poder utilizarlo con normalidad en su profesión, y más teniendo en cuenta la de gente que hay que lo entiende y lo utiliza?

Digo esto a cuento de algo muy concreto. Tuve la suerte de estar estos dos últimos días en el Encuentro de Periodismo de Altura que se celebra cada mes de agosto desde hace siete años en Castejón de Sos, en la comarca oscense de Ribagorza. Estuve muy atenta a todo lo que pude, aunque especialmente a la charla que dieron los directores de varias corporaciones de televisión y radio autonómicas porque tuve que escribir una pequeña pieza. Lo que creo que se esperaba de mí está ya ahí escrito.

Aquí contaré lo que falta. La directora general de Telemadrid, Isabel Linares, lamentó con acierto que su comunidad carezca de una identidad que vaya más allá de la española, y en particular la ausencia de una lengua propia. De ahí su dificultad para generar contenidos atractivos. Algo que según ella pueden hacer con mayor facilidad en otras corporaciones, como la gallega o la catalana (cuyos representantes estaban presentes también).

En cambio, nada se dijo sobre la aragonesa o la asturiana, territorios ambos en los que todavía no están reconocidos los derechos lingüísticos de los hablantes del aragonés, el catalán y el asturiano, respectivamente. Ni el director de la CART, Ramón Tejedor, ni ningún otro ponente, espectador o político (ni de la zona ni de fuera) se dignó si quiera a citar la peculiaridad de Aragón, que a falta de una lengua propia tiene dos (el aragonés y el catalán, para quien no lo sepa a estas alturas) y, por tanto, las amplias posibilidades que tiene de generar contenidos propios variados y atractivos.

Esto se supone que no puedo decirlo por decoro pero, sinceramente, creo que los contenidos de la televisión aragonesa dejan mucho que desear, a excepción de Aragoneses por el mundo, que es lo único tragable (pero que precisamente tiene poco que ver con el territorio aragonés). Y en buena parte creo que es porque no se deja abrir la puerta de algunas realidades que siguen vetadas en los círculos oficiales. En según que contextos, por aquello de no ser radical y no faltar a las formas, parece más conveniente decir que lo que una habla es “chapurreat” (aunque luego se disfrute conversando en esa misma lengua con barceloneses que hablan catalán del de denominación de origen con perfecto entendimiento). 

Los dirigentes de la radio y de la televisión públicas aragonesas han decidido consciente y políticamente silenciar este asunto, no contarlo, obviarlo, hacer como si no existiera. Con lo bonito que sería mostrar con orgullo la diversidad. Luego dicen que la función pública de los medios autonómicos es “vertebrar el territorio”. ¿Cómo? ¿He oído bien? Si en Zaragoza no cuentas que en la zona de Benasque se habla catalán y patués (una variante del aragonés), difícilmente estarás contribuyendo al conocimiento mutuo real y sincero. Si ese mínimo no se cumple, lo que se hace con el medio público ya es otra cosa. No me atreveré a decir que es manipulación (aaay, el decoro) pero desde luego creo que se aleja de lo que yo entiendo por vertebración del territorio.  

Mientras tanto, sigue habiendo un montón de aquellos considerados informadores objetivos y fiables contrastadores de fuentes que hablan catalán en Aragón día sí y día también, pero que todavía no encuentran una razón poderosa para hacer más evidente a la sociedad esta realidad que ellos conocen bien. De verdad que no entiendo cómo conviven alegremente con esta contradicción.

Estoy contentísima con mi inmersión en la web 3.0.

[Según Wikipedia: Web 1.0 es una red que permite leerWeb 2.0 es una extensión, que permite leer y escribir, concediendo a los usuarios un papel activo. Web 3.0 podría extender este papel permitiendo que la gente además de leer y escribir pueda realizar asociaciones con algún sentido entre contenidos de los sitios web].

Netvibes es como un blog pero en tres dimensiones. No sólo puedes enlazar lo que quieras, sino ver los títulos de los contenidos vía rss. Y todo ello clasificado por tantas páginas temáticas como quieras.

Delicious es un marcador de páginas. Algo así como un “favoritos”, con la ventaja de que puedes consultar los contenidos desde donde quieras. Sólo tienes que loguearte.

 

Hay mil millones más de aplicaciones, pero de momento estoy con estas dos. ¿Conocéis algún otro reseñable?

QUÉ ES ESTO

Es un cajón de sastre. Aquí subo y enlazo todo lo que pasa por alguna de mis pantallas y que me parece interesante volcar hacia un universo común.

Es un experimento. Se trata de poner juntas en un mismo enunciado varias cosas que parecen desconectadas, logrando así nuevos significados.

Es un laboratorio. Podrás encontrar fragmentos de autoría propia, casi siempre poco conclusivos (lo que significa que puedes continuarlos si quieres).

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