Desde hace algo más de un mes tengo instalado el sistema operativo Ubuntu en mi ordenador, en concreto la versión 9.10. Hace unos años probé alguna otra y, ante la dificultad que me suponía instalar programas y plugins, desistí y seguí utilizando Windorrrgs. Más tarde me compré un Macbook y empecé a comprender que a un bicho de estos se le puede hacer casi de todo.
Ahora estoy en una nueva transición tecnológica hacia el software libre. La ventaja con respecto a la primera vez que probé linux es que hoy en día hay muchos más usuarios, que además son muy activos en los foros, y esto hace posible solucionar cualquier problema haciendo un buen uso de los buscadores.
Para mí, la clave que hace posible sacar un buen partido de Ubuntu es no tener miedo a la Terminal (esa ventanita que muestra en código lo que vamos haciendo). Ubuntu tiene un Centro de Software y el gestor de paquetes Synaptic para facilitar la descarga de archivos, pero creo que, aunque buscan ser más amigables con el usuario, en realidad crean más complicaciones que otra cosa. En mi opinión, lo mejor es hacerse con un manual de manejo de directorios, como este y trastear con el bicho desde ahí.
Como decía, cada vez hay más gente que se está pasando a alguna distribución de linux por cosas como que no tiene virus y es gratis, pero también por el juego que da y por la filosofía que conlleva. Y no sólo seduce a los “usuarios finales”, sino que muchas instituciones lo utilizan también. En la Biblioteca de Aragón, por ejemplo, un buen número de ordenadores tienen instalado Debian.
Tuve la suerte de que me instalaran además Apache, MySQL y estas cositas que hacen falta para hacer páginas web. Y entre eso, el Web Developer instaldo en Mozilla, el Bluefish para modificar las hojas de estilo .css y un editor de WordPress me lo estoy pasando pipa y además aprendiendo un montón. Lo único que echo sinceramente en falta es que este aprendizaje sea más colaborativo, pues sería más emocionante compartir los descubrimientos con otra gente.
Larga vida al software libre!







[...] lo mismo la primera vez que un producto Apple entró en mi vida y, de alguna forma también, la primera vez que un pingüino entró en él. Sí es, sin embargo, la primera vez que la duda asalta ante tan generosa oferta de soportes, [...]