Hoy visité la Dean Gallery (arte contemporáneo) de Edimburgo. No es que sea espectacular. Es tirando a pequeña, pero tiene una interesante selección de obras dadaístas y surrealistas, así como otras posteriores. Entre éstas, había fotografías. Las que más me han gustado, una serie de colillas en caminos habituales urbanos, y otra que invitaba a reflexionar sobre la omnipresencia del crimen en los medios de comunicación de masas.

Se trataba de una serie de cuatro fotografías, en las que una sandía rajada se arrastraba sobre la nieve. El autor o autora (no tengo muy claro quién lo hizo) parece que expresara la cotidianidad de la sangre en las imágenes que recibimos y construimos. O eso nos pareció a mí y a quien me acompañaba.

Sea como fuere, comencé este post precisamente porque acabo de tener un choque con esta realidad por mi propia experiencia. Tras semana y media en Escocia, desconectada de la actualidad, de la de La Expo desde abajo, de la del portal comunitario Aragonéame, de la información general, y en general del contacto diario, me he encontrado con noticias terribles. Quince muertos en una patera, la muerte de Sergio Algora, y un nuevo dragado. Por citar algunas.

¿De qué está hecho este mundo?

A pesar de todo, hoy es un día feliz. En Edimburgo llueve a ratos. En casa pintamos las paredes de blanco. Y quizá el lunes tenga trabajo.