La Expo es un engaño. ¿Quién lo duda ya a estas alturas?
La Tribuna del Agua, esa que iba a servir para hablar de los grandes problemas de sostenibilidad de nuestro tiempo, resulta que se dedica a decir que los bosques consumen más agua de la necesaria. Claro, lo sostenible sería que consumieran la justa y que la que “sobra” nos la trasvasaran, ¿no? Pero como los árboles son así de tontos, que no entienden de acumulación de capital, ni de optimización, ni de rentabilidad, lo vamos a tener que hacer nosotros por ellos. Diseñaremos bosques que “consuman” la menor cantidad de agua posible, y así dispondremos de más agua para llevar hasta nuestras urbanizaciones, nuestros centros de ocio y nuestras oficinas. ¿No van por ahí los tiros?
¿Y eso de que iba a dar trabajo?
Sí, si trabajo da por un tubo. De hecho, sigue dándolo, porque hay gente que ha abandonado su puesto en unas pocas semanas. A parte de algunos operarios de obras, que ya pasan de quedarse a rematar los detalles, muchos taquilleros, restauradores, animadores…, que se incorporaron hace unas semanas, ya han dejado su empleo. Porque no debe de ser muy difícil encontrar un trabajo mejor, si el que allí te ofrecen es ultra-flexible y polivalente. Además, eso de trabajar en un chiringuito tan grande y al son de la improvisación, debe de crear un estrés inmenso. Una amiga que trabaja en una plaza temática de la Expo, me contaba que, cuando comienza a llover, antes de cerrar la plaza, tiene que comunicárselo a su superior, que se lo comunica a su correspondiente superior, y así sucesivamente, hasta que algún superior decide dar la orden de cerrar la plaza. Esto es, que la misma persona que informa de que hay que cerrar la plaza porque llueve, tiene que esperar diez minutos a recibir la orden, cuando ya se ha mojado ella y todo el material.
Y qué decir del sonido infernal proveniente del meandro que cada noche inunda mi ventana. Ahora mismo, las 22:46h, se escucha de fondo la sinfonía apocalíptica del iceberg. Y luego llegará el chundachumba del anfiteatro…
En fin, son las minucias, “pequeñeces” de esta Expo, que la hacen insoportable en su pura cotidianidad. Yo menos mal que me voy porque sino este blog acabaría siendo pura bilis anti-expo y tampoco es plan…
Luego, bueno, hay a quien le gusta eso de chuparse horas inmensas para ver unas proyecciones y unos paneles cometarros, dejarse el sueldo en comida rápida, reventarse los pies andando por pura inercia sin saber bien hacia dónde, machacarse a codazos por ver un espectáculo… Ah, no, que de aforo aún van sobrados…








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