Dolçainers, Estrella Damm, Rock y Relaciones Sociales. Así resumo cómo viví la I Feria de la Música y la Cultura Aragonesa que este pasado fin de semana tuvo lugar en el turolense pueblo de Massalió/Mazaleón. Decenas de puestos de asociaciones culturales de la comarca, librerías con material en las tres lenguas (aragonés, catalán y castellano), colectivos políticos de Teruel y Zaragoza, y un montón de conciertos.
Aunque el viernes ya tuvo lugar un festival de cortos a cargo de la Asociación Ranetas de Alcañiz, nosotr=s llegamos el sábado por la mañana. El ambiente de fiesta se mascaba desde que encontramos la “replaceta” de los conciertos diurnos. Nos perdimos la master class de batería, pero a tiempo estuvimos de ver al grupo Temps al Temps y al cantautor Victor Meneses, que en sus actuaciones ya clamaban eso de “Som d’Aragó e Parlem Catalá”.
Por mucho que te lo digan, no te das cuenta de que en algunos pueblos del Matarranya se habla catalán hasta que vas allí y lo compruebas con tus propios sentidos. Eso sí, no con la vista, ya que toda la lengua escrita de los lugares públicos está escrita en castellano. Sin embargo, a cada paso que cruzas con alguien del lugar oyes un “m’en vaig”, “aixo”. La puerta del bar de abre y “bon dia”. Y así con otros vocablos, que a mí sinceramente me recuerdan muchísimo al catalán que conocí en Lleida.
Un atractivo curioso de los pueblos del Matarranya es su ruta de las cárceles del último medievo. La de Massalió conserva un madero que servía para inmovilizar a los reos, colocándolos bajo la caída de una gotera, lo que provocaba la erosión craneal, y de ahí al hoyo. También conserva un muro con los dibujos que los prisioneros dibujaban dentro de la celda. Aquí podéis ver un detalle que tomé con la cámara.
En el porche del Ayuntamiento, probamos las pastas caseras de nueces y manzana que elaboraron las mujeres del pueblo y el vino cabezón. “Chapurreao” decía una señora muy amable de los puestos, después de comentarle que me sorprendía la lengua catalana que hablaban. En seguida hubo un señor que salió al envite y me dijo “claro que es catalán, pero no gusta decirlo”. Otra señora que estaba asomada a su balcón me contó que sus hijos vivían en Reus y Tarragona, y el señor del bar que nos sirvió unas cuantas veces, que el catalán no es patrimonio de los catalanes.
Los conciertos de la Replaceta terminaron con Matazía, banda de punk rock que ya tuvimos ocasión de ver en su pueblo, Lituénigo, y los hardcoreros zaragozanos Zobux. La verdad es que cambia un montón ver a un grupo tocando en su ambiente, con sus seguidores y amigos, a verlos ante un público escaso y poco receptivo. Aún así, el punk y la melodía de estos grupos nos animaron a mantener el tipo del pedo mañanero.
Un poco de lluvia regeneradora marcaba el umbral de la hora de la siesta, hasta que empezaron a oírse las primeras dulzainas afiladas. Cientos de dolçainers, procedentes de otros pueblos cercanos, agrupados en su colla de músicos. Decenas de bombos y de tambores. Gigantes y cabezudos. Todos tocando a la vez durante horas, horas y horas. Bailes y clásicos populares.
Eso de que los conciertos empezaran a las 23:30 nos dejó un rato muerto que inevitablemente hubo de dedicarse a llenar el buche sin dejar seco el garganchón. El estado en el que llegamos a los conciertos nocturnos provocó que me dejara una rodilla en unas escaleras y que llegara a perder el sentimiento de mi individualidad para circular por el teatrillo que albergó las actuaciones cual glóbulo de un gran organismo. También provocó un malentendido con una chica bastante maja que creo que creyó que le enviaba una maldición, cuando en realidad quería convidarla, y que apenas pudiera prestar atención a los conciertos.
Inestables abrieron con rock normal, dejando paso al rock anormal de Gen. En esta fase, descubrí que las escaleras, además de llevarme a una caída segura y a los baños, también lo hacían a un palco perfecto para sobrellevar la modorra y ver a Visión Tunel. Ya era la cuarta vez que veía a este grupo y, por sacarle alguna pega, diré que no son lo que se dice una banda de consenso. Hacen música de la que se clava de la nuca a los pies, la que no se baila, letras para escuchar con atención y dejar que te transporten. No es una banda para pogos y, por tanto, no lo era para el nivel alcoholífero medio a esas alturas de la noche. Cerraron la velada musical Los Draps, grupo de la comarca que levantó pasiones y que presentaba su segundo disco. Y hasta aquí puedo leer, porque no me acuerdo…
En definitiva, un buen día de fiesta popular ininterrumpida, de pueblos, de lenguas, de música y de encuentros.








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