Abro la boca
y oigo a alguien que no soy yo
diciendo aquellas cosas.
El error constante,
la decadencia continuada,
la bazofia brotando de mis cuerdas vocales.
Mi lenguaje apoderado,
perdido en una nube de categorías,
de palabras, significados y sentidos.
Mi pensamiento dormido,
caído en una red de infinitos devenires,
de relativos que han sido absolutizados.
Mi consciencia alucinada,
presa de la contradicción aleatoria,
de una incoherencia desmedida y autoinculpatoria.
Aún así, me pregunto
quién se expresa a través de mi cuerpo.
Por qué alguien que no soy yo se expresa con mi cuerpo.
Por qué se lo permito.
Por qué no sé cómo dejar de permitírselo.
Debería volver a ese debate,
retirar el error absoluto,
la decadencia aleatoria,
la bazofia apoderándose de mi ser,
y retomar la consciencia de las contradicciones,
de los devenires y los relativos,
de los significados y de las cuerdas vocales.
Ver esa red de nubes continuada e infinita,
presa de la alucinación del sentido de las palabras,
de las desmesura constante de las categorías,
y no sentir culpabilidad por estar encerrada
en un cuerpo limitado por la incoherencia
de su yo
y de quien en su lugar habla.







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