El tiempo es mentira

En algún lugar del Lavapiés incierto, donde las sombras se esconden, las sirenas resuenan y la primavera es introspectiva.

“4 y 45 de la tarde parada en el andén de la estación de Atocha. Viajar es tan cotidiano que el tren se convierte en una extensión de mi vida y de mis espacios. Habito en el tren y convivo con pasajeros durante media hora. La ventana me distancia de la realidad y ésta me parece absurda. Vivimos en cajas apiñadas durante media hora. El ser humano se construye su propia jaula.

Jaulas unifuncionales como esta nave diseñada para producir trabajo, sin posibilidad de distracción para dar un paseo, tomarse un café, o conversar con los colegas sobre trivialidades como el tiempo, porque ni siquiera hay ventanas para saber si truena o ha salido el sol.

7 y media de la tarde: voy y vengo de cajas. Esta caja sobre rieles me gusta porque al menos no es estática. Las ojeras se han marcado en la mayoría de los rostros y los cuerpos se han entristecido. La mayoría de los pasajeros son varones, inmigrantes. Llevados y traídos a la construcción del extrarradio. A la construcción de jaulas que se multiplican.”

Deriva con manipuladora de códigos.

“Precarias a la deriva. Por los circuitos de la precariedad femenina”.