El motor de la máquina funciona cada día más deprisa y nuestra alma no puede seguirle. Somos presas de un ritmo, somos presas de unos quehaceres, somos presas de unas necesidades. Somos presas del dinero y del trabajo. Somos presas de nuestra dependencia con el sistema; sin él y sus productos no podríamos vivir.
La técnica y la ciencia se han constituido como herramientas infalibles de producción. Primero nos quedamos sin habilidades de caza y recolecta, después sin las de cultivo y ganadería. Nos separaron de la tierra para llevarnos al cemento de las factorías y, más tarde, al frío mármol de las oficinas.
Millones de personas viven en los centros de las ciudades, sólo conocen el asfalto y la polución, se han acostumbrado… Son eficientes, llevan adecuadamente sus cuentas, llegan pocas veces tarde y terminan sus labores con prontitud. Cuando tienen depresiones o dolor de cabeza, toman pastillas o complejos vitamínicos como posesos. Y para descansar huyen a la MadreNatura con su cochazo a través de carreteras inmensas que son como tentáculos de sus propios hábitats. Así que nunca llegan efectivamente ni a rozar un cachito de la verdad, porque viajan envueltos en su mentira de hormigón.
No es verdad que vivamos en el mejor de los mundos, como no es verdad que este era el único fin posible para la especie humana. En nuestra Tierra teníamos de todo para vivir cómodamente: agua, cuevas, frutos, otros animales con quienes jugar o de los que alimentarnos… Y todo ello nos lo fueron robando con el paso de los tiempos. Hoy se bebe agua embotellada, se hipoteca toda una vida para tener una vivienda, la mayoría de las frutas y verduras que se comen son transgénicas y muchos animales viven su particular horror-show naciendo y muriendo en cautividad para nuestro uso y disfrute.
De los tiempos oscuros del Antiguo Régimen, que es como llamaban en los libros de historia de la enseñanza secundaria a la época anterior al Iluminismo, aquella sobre la que se cimienta nuestra sacrosanta democracia de mercado, quizá se pueda rescatar alguna añoranza positiva: al menos un= disidente podía huir al monte sin tener nada porque nada tenía dueño ya que todo era del rey y el rey era de todos. Ahora vagamundear se pone cada vez más complicado y ser pobre es razón suficiente para ser delincuente. De acuerdo con que esto queda un poco idealizado ya que el burdo despotismo de la monarquía y de las sociedades jerarquizadas de la Edad Media son lacras que seguimos arrastrando. Pero ahora lo tenemos peor; aunque te vayas al lugar más remoto del continente más despoblado, los ojos del cielo podrán verte, y no me refiero a los bíblicos, más bien a los científico-tecnológicos: los satélites en órbita.
Y lo que nos espera con los chips insertados en fibras musculares!! Y con la clonación del ser humano!! Pero estas cuestiones de momento dejémoslas de un lado y dediquémonos a disentir, a discrepar y a manifestar el desacuerdo con los usos que se han dado a nuestra fuente de Vida.
Apoyemos las desidias, seamos desidios=s, indolentes. Abandonemos nuestros puestos. Dejemos al Orden sin piezas y empecemos un nuevo juego.







3 comments
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Octubre 8, 2006 a 9:44 pm
Impradesidia
Desidia? pues no es elejir vivir una desidia? Si vivir es una desidia y no elejir la vida también, ¿Que marca el principio de acción?, ¿pensar? ¿acaso no esla principal de las desidias, pues se priva del acto vivido? Os dejo aquí un ejemplo de desidia anti-desidia.
“Elige la vida. Elige un trabajo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige una maldita televisión gigante, elige máquinas de lavar, autos, equipos de música y abre latas eléctricos. Elige la buena salud, colesterol bajo y seguro dental. Elige préstamos hipotecarios con intereses fijos. Elige tu primera casa. Elige tus amigos. Elige ropa informal y equipaje a tono. Elige un traje de tres piezas en cómodas cuotas. Elige un “hágalo usted mismo” y preguntare quién sos un domingo en la mañana. Elige sentarte en un sillón mirando programas que adormecen tu mente y destruyen tu espíritu mientras llenas tu boca de comida chatarra. Elige la decadencia para el fin de tus días, meándote encima en un asilo miserable, avergonzando a los egoístas y arruinados mocosos que engendraste para que te reemplacen.
Elige un futuro. Elige la vida…
¿Pero por qué querría yo hacer algo así?
Yo elijo no elegir la vida. Elijo algo más. Las razones? No hay razones. Quién necesita razones cuando tienes heroína?”
De la Película Trainspotting
Octubre 8, 2006 a 10:05 pm
Impradesidia
Nota al lector. Sustititúyase la palabra heroína por cualquier otra, verá que el resultado no cambia.
Noviembre 1, 2006 a 10:14 pm
el cervantes
Cada vez más, pienso que vivimos en el sistema del apicultor; somos abejas productoras en exceso de miel, alimento para nosotras y nuestras crías; pero la mano del hombre nos obliga a seguir un mortuorio ritmo de explotación mediante el robo de nuestro producto, todo salvo lo necesarío para seguir viviendo.
¿La sociedad avanza?¿pregreso? ¿mejora de la calidad de vida? eso es imposible que haya llegado si seguimos trabajando 8 horas.
¿Grandes ciudades?, ¿grandes aglomeraciones?¿paro?¿escasez de vivienda? vivimos comprimidos en paneles, mientras los pueblos son abandonados, inundados, y los campos dejados yelmos porque el trabajo de campo se paga muy mal, pero el fruto es muy caro en terminos de divisa. Aqui hay algo que falla, no necesito hacer tanto para poder vivir ni necesito seguir ese ritmo competitivo. Malditas seais las ciudades y el sistema de vida que en ellas se encierra